Desearía en esta fría noche, con aire congelado, ir a golpear cada puerta de la ciudad para decirles a todos que te amo.
Que así como llegó el frío esta mañana sin aviso, y congeló todo, así llegó tu amor a mi vida sin avisar, sin pedir permiso.
Llenaste mis días de alegría y sonrisas, de esperanza y misterio.
Hiciste que los amaneceres fueran despedidas y esperara el crepúsculo con tantos deseos. Que las horas del día se hicieran eternas y las noches se acabaran tan pronto.
En secreto comencé a amarte, ¿cómo? no lo sé, te hiciste indespensable, así como para vos es necesaria la sangre, para mí lo fueron tus palabras, tu presencia.
Anhelo de besarte a cada instante y en cada momento. Saborear tu boca con gusto metálico, sentir cómo tus dientes degarran mi cuello en busca de tu preciado alimento y yo maravilla me dejo porque es tu forma de amarme.
Pero no puedo decirte que te amo, maldito arrogante, si supieras de este sentimiento te burlarías de esta pobre mortal enamorada. He descubierto que nada te diferencia de los humanos, hombres mortales o vampiros son iguales.
Y entonces tengo que callar, tragar mis sentimientos, sentir este agónico deseo de anhelarte a mi lado, de que me digas "Te amo".
Maldito!! Te has filtrado en mi corazón como un veneno imposible de arrancar, que avanza a por mis venas y llega hasta mi pecho y lo hace explotar.
Pero yo me conformo con tu compañía con tus cuentos y tus historias, hablando hasta la alborada de tantos temas lindos, no me canso de estar a tu lado.
Y vos ni te das cuenta, sólo dices que "soy una buena compañía". Mientras muero de celos por aquellas que caen bajo tu belleza, esa que te hace único, tus encantos, como todo depredador, felino, lindo, listo para la caza.
Yo te amo, aunque no pueda decirte lo que siento, seguiré callando y esperando el momento que te des cuenta.
Tal vez nunca lo hagas y vos tenés la eternidad y a mí me queda tan poco tiempo.
